En virtud de este orden, comienza la disertación con la afirmación de que inadmisible pensar en educar sin considerar los valores y que la etiqueta “Educación en Valores”, hace mención a una toma de conciencia acerca de cuáles son los fundamentos esenciales para educar en valores, entre los cuales, el relativo al sujeto responsable de realizar esta tarea, es uno de los más importantes.
Seguidamente se desarrolla el aspecto referido a la toma de conciencia por parte del docente a partir de la idea de que conciencia implica una capacidad del espíritu humano de reconocer la verdad en sus atributos esenciales y puesto que tal reconocimiento en este caso, está relacionado con la educación en valores, se concluye que la toma de conciencia del docente dependerá del proceso formativo y auto-reflexivo que realice, el cual le permitirá plantearse diversas e importantes controversias y sustentar su actuación desde una perspectiva humanista que valore a la persona como ser individual, como ser social y como ser moral.

Y al hablar del docente como el sujeto, que en primer lugar necesita ser educado en valores, nos estamos refiriendo a que su compromiso en la formación del hombre es tal, que a través del ejemplo y de la práctica, él se erige como el modelo ideal que debe ser imitado porque defiende la autonomía del sujeto, reconociéndole su capacidad para tomar decisiones y actuar en función de criterios internos libremente escogidos, pero que a la vez destaca el papel que los demás tienen en la formación de cada individuo y de una sociedad más justa.

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